frágil como un fino cristal, en un momento se ensancha y late acompasadamente,
sin embargo, es como el ratón de un ordenador,
un clic puede activarlo, pero puede también hacer que detenga.
Por eso hay que vivir, sentir el corazón y darle motivos para que vibre jubiloso,
no sea que sin darnos cuenta, estemos a un clic de dejar de sentir sus latidos.
Por eso viviré este día como si fuese el último,
seré feliz por encima de cualquier obstáculo.
Reiré, amaré, cantaré y seguiré recogiendo las vendimias en un día a día,
donde tengo la certeza de que no siempre me brindará la mejor cosecha.
No me importa, tendré la suficiente paciencia para hacer de un mal vino,
una selecta crianza y libarlo sonriente.
Sonrían, la vida es bella, pero tiene el defecto de ser tan efímera,
que si nos dedicamos a guardar tesoros para luego disfrutarlos,
es posible que éstos permanezcan
mas allá de la triste materia en que nos convertimos.
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