Hola Martha:
Te preguntarás quien soy y porqué te escribo, no nos une ni la tierra y es evidente que por mi estilo, notes que no soy de aquí.
Coincido contigo, si es que lo has pensado, que nada nos une, sin embargo, algo hay que me acerca a ti, es mi condición humana, lo hago además como mujer, madre, hija, hermana, circunstancias que nos acercan, aunque nunca nos conociésemos.
Perdóname por esta misiva, no pretendo perturbar tu paz, ojalá que allí donde te encuentres, no existan fronteras, que no haya ni extranjeros, ni inmigrantes, solo almas iguales que transitan en un mundo de luz.
Tres años ya que no estás, se me crispa la sangre solo de pensar en el dolor de los tuyos y mi piel erizada es el reflejo de la angustia que me produce la cadena de sufrimientos que desde que te fuiste, padecen tus padres.
Sin atreverme a ponerme en la piel de tu madre, puedo entender su dolor sintiendo a la vez, profundo respeto y admiración por la valentía que irradia, no toda madre resiste el abatimiento a que ha sido sometida.
Eres la mejor evidencia de que cuando traspasamos la barrera entre vida y muerte, no somos dueños de nuestros actos, existiendo solo en un estado espiritual que nos imposibilita ejecutar nuestra voluntad, porque de no ser así, de alguna manera, habrías indicado a tus padres, donde está tu parte material, habrías podido decir si realmente el gran río de tu ciudad arrulló tu cuerpo mientras tus verdugos se deshacían de él, o quizás una lluvia de rocío, lavó tus heridas, cuando te dejaban en alguna pradera.
Si pudieras, habrías indicado a tu entrañable abuelo dónde buscarte, a tus padres y hermanas donde está tu cuerpo blasfemado por unos malditos renegados que cometieron contigo, la mayor imprecación que mentes diabólicas puedan urdir.
Descansa Martha, cierra tus ojos y duerme tranquila y si acaso tuvieras un minuto de libertad y pudieras levitar sobre una estrella, ilumina con ella por un instante a tus padres y ojalá que ese rayito de luz, pudiese indicarle, donde está tu cuerpo, ellos van a recordarte siempre, pero sabiendo que el cuerpo de su pequeña está protegido, también ellos podrán tal vez, dormir sin tantos desvelos como casi estoy segura que tienen, desde que te fuiste.
Sabes? Es invierno, he rescatado para ti sin embargo, el aroma de todos los azahares de tu tierra en primavera, lo dejo disperso, para que el viento lo eleve al éter y te llegue como un efluvio que simboliza el recuerdo y amor de tanta gente que quedó triste por ti, aunque como yo, no te haya conocido.