sábado, 25 de agosto de 2012

Muere Neil Armstrong


“El destino ha ordenado que los hombres que fueron a la Luna para explorar en paz permanezcan en ella para descansar en paz. Estos valientes hombres, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, saben que no hay esperanza para su recuperación. Pero también saben que hay esperanza para la humanidad en su sacrificio.
Estos dos hombres pierden la vida por el más noble objetivo de la humanidad: la búsqueda de la verdad y la comprensión. Serán llorados por sus familiares y amigos; serán llorados por su nación; serán llorados por los pueblos del mundo; serán llorados por la Madre Tierra que se atrevió a enviar a dos de sus hijos hacia lo desconocido.
En su exploración, agitaron a los pueblos del mundo para sentirse como uno; en su sacrificio, unieron más estrechamente la hermandad de la humanidad. En la antigüedad, el hombre miró y vio estrellas en las constelaciones a sus héroes. En los tiempos modernos, hacemos lo mismo, pero nuestros héroes son hombres épicos de carne y hueso.
Otros los seguirán, y seguramente encuentren su camino a casa. La búsqueda del hombre no será negada. Pero estos hombres fueron los primeros, y que seguirán siendo los principales en nuestros corazones. Para cada ser humano que mire a la Luna en las noches venideras sabrá que hay un pedazo de otro mundo que es humano para siempre”.
El discursito, especie de epitafio anticipado, toma sentido hoy luego de más de cuarenta años, con la muerte de Amstrong.
Neil Armstrong,  primer hombre en pisar la Luna,  fallece a los 82 años a las 20.42 hora de España, durante su período de convalecencia tras la operación de bypass coronario a la que fue sometido el pasado 8 de agosto.
El astronauta comandó el Apollo 11, la misión que logró con éxito poner pie en el satélite el 20 de julio de 1969. En el momento histórico dejó su frase para la posteridad: «Un pequeño paso para el hombre pero un gran salto para la Humanidad». Los astronautas Buzz Aldrin y Michael Collins fueron sus compañeros de viaje.
El discurso fue escrito por William Safire, con la idea de si acaso fracasaba el proyecto, engavetado ante el éxito de la misión, desempolvado hoy ante la muerte del protagonista de la expedición.

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