lunes, 25 de julio de 2011

35 veces te amo


Llegan sin esperarlas, parecen acechar a que se abra la puerta, se instalan sobre una mesa, cuando ya es imposible regresarlas a su destino, porque se ignora de dónde vienen y además, de inmediato se hacen querer.

Treinta y cinco rosas (sería acaso que el mensajero hurtó una?) Exuberantes, perfumadas, temblaban en sus pétalos gotitas de rocío!

Alguien las había dejado en la puerta de la casa, envío erróneo o detalle anónimo???? Entre las rosas, así como al descuido, sobresalía un bordecillo blanco, ¡Una tarjeta! Me dije, al fin se sabrá quien las envía. Ni el más leve atisbo, nada...

Muchas composiciones se han escrito, hermosas letras y elevada rima. Cartas inolvidables que engalanan el epistolario romántico, unas inspiradas por grandes pasiones, otras impregnadas de dolorosas despedidas, reveladoras de reclamos otras, sentidas palabras que nacen del dolor de la renuncia, o de la convicción de un engaño, una traición…

Desencuentros, olvidos, todas estas sensaciones han sido plasmadas en cartas que perduran, se olvida, o se recuerdan solo alguna vez.

Las hay escritas con sangre que traspasan el umbral de la vida, promesas incumplidas, ausencias, palabras que se lleva el viento, pero permanecen escritas.

Las más famosas de todas, son sin duda, las de Pablo, el Apóstol de los Gentiles, consignadas en la Biblia.

Pero hay muchas mas… La escrita en una celda, la del soldado que se marcha a la guerra y ante el temor de su encuentro con el final, escribe una sentida despedida. La carta del condenado a muerte, que en secreto conciliábulo con su carcelero, hace llegar a su amada. La epístola de la mujer o el hombre que ama a un imposible, ellos plasman en el papel lo prohibido por sus labios. Mas reciente, las misivas virtuales, dictadas por la distancia, en la soledad de la medianoche, en la madrugada…

Son cartas que se escriben unas con más sentido que otras, unas se recuerdan, otras se guardan, se rompen, se olvidan.

Una tarjeta que llega en medio de treinta y cinco rosas rojas y solo contiene una frase repetida treinta y cinco veces, es una carta?

En este modernismo de correos electrónicos, dice un eslogan que solo el perro extraña al cartero, sin embargo, al parecer aún se escriben cartas, o tarjetillas y llegan impregnadas de misterio entre el aroma de treinta y cinco rosas.

Cartas breves, raras, que por ser receptoras de una sola frase, se convierten en únicas.

TE AMO, treinta y cinco veces repetida, treinta y cinco rosas, lujuriosas, húmedas, perfumadas, realidad o fantasía? Sería un sueño?

La acción, fue sin dudas una liberación de adrenalina, la expresión de un enajenado que estalla de esa manera haciendo víctima al primer nombre que se le ocurrió (Uy que miedo), o es definitivamente la expresión de alguien que se atreve.

Mujeres en todo el mundo han recibido demostraciones exageradas de afecto, pruebas irrefutables de que son amadas, obsequios fabulosos, ninguna tal vez, haya sido destinataria de una epístola singular, que por su breve texto repetido, la hace diferente.

Aparte de la poesía que pueda envolver y obviando la posible “trampa”, que recóndita encierre la tarjetita y sus treinta y cinco rosas, quien haya sido capaz de semejante detalle, posee al parecer, una mentalidad misteriosa y aventurera.

Que travesura!

4 comentarios:

  1. Seguramente es un enamorad@ , que con aquel detalle queria expresar mas alla de las palabras lo que su corazon siente...

    pero que momento...

    Un abrazo amiga mia...

    JALE

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  2. "una mentalidad misteriosa y aventurera!, yo agregaria bellizimamente romantica. Que la receptora de esas flores, nos cuente mas!!!
    Kisss

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  3. Hola Jairo, pues quien sabe hijo, a la mejor era un sicópata, debió hablar, identificarse.

    Gracias, abrazos

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  4. eso!!! Es posible que fuese un aventurero de mente, pues la receptora de las flores no sabe nada de nada.
    Un abrazote

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