Donde el cactus es una piedra más de los caminos y reverbera el sol y la noche es irradiada por estrellas que parecen caer sobre la blancura de los jazmines que pueblan mis recuerdos, allí empecé a soñar.Soy un latido más de una ciudad que es un corazón, dos cielos me cubren, el propio y otro que el amor me ha dado: Sevilla, una ciudad pasión y melodía.Escritora de muchas letras que no siempre tal vez son leídas, pero escritas con mucho corazón, con ellas edifiqué estas vendimias, anhelando encontrar la mejor cepa y recoger la cosecha más selecta.Soñadora, edificadora de utopías, romántica, idealista y otras circunstancias desfasadas, no me importa, ¡Escribir es mi pasión!

jueves, 14 de febrero de 2013

Meditaciones en el día del amor



 

Ese tumulto de emociones llamado pasión, a veces confundido con el amor, es una circunstancia que casi siempre acompaña al amor, pero que no debe confundirse con este, ya que si en verdad la pasión es necesaria, no es menos cierto, que ambos se complementan y que amor sin  pasión, es como un una flor sin aroma, pero basar una relación solo en ella, (la pasión), es condenarla al fracaso.


Cuanta permanencia tiene esa pasión arrolladora que nos hace vivir al rojo vivo? Lo esencial sería que no muriera nunca, pero lo verdaderamente real es que a medida que crece y se desarrolla el amor, en la cotidianidad de la vida, la pasión se va apaciguando dando paso a su vez a una situación de ternura, serenidad y complicidad que une a la pareja.

La pasión es una motivación irreductible, algo que nos impulsa a una necesidad biológica tan normal como la vida misma. Se une siempre al impulso sexual, pero no necesariamente lo es, ya que el anhelo de satisfacción sexual y pasión, cada una ocupa un espacio diferente en el cerebro humano. 

Casi siempre, con el paso de los días y meses, la pasión inicia su declive y va tomando su lugar un amor más calmado, hay parejas sin embargo donde la pasión es una constante en su relación y por pasión entiéndase el deseo de hacer cosas juntos, de disfrutar al máximo hasta de las cosas más sencillas.

Es normal que aquellas emociones profundas y vehementes, se diluyan y que las miradas de fuego, den paso a una mirada dulce y a un sentimiento de calma y seguridad.
Pero cuidado! Cuando en una pareja solo existe frío, es porque el amor está muriendo, sería un sacrilegio dejar que muera una relación, por dejarse atrapar entre la rutina.

Quienes así procedan se perderán una de las partes más gratificantes de esta vida efímera, que terminará cuando menos lo esperemos, dejando a cada cual solo las emociones y satisfacciones que hayan acumulado.

Ojalá pudiéramos ser capaces de mantener enlazados amor y pasión, no importando ni la edad, ni el tiempo que lleven juntos.  

Seguro que si logramos alcanzar esa condición, todos seríamos más felices en San Valentín.

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