Donde el cactus es una piedra más de los caminos y reverbera el sol y la noche es irradiada por estrellas que parecen caer sobre la blancura de los jazmines que pueblan mis recuerdos, allí empecé a soñar.Soy un latido más de una ciudad que es un corazón, dos cielos me cubren, el propio y otro que el amor me ha dado: Sevilla, una ciudad pasión y melodía.Escritora de muchas letras que no siempre tal vez son leídas, pero escritas con mucho corazón, con ellas edifiqué estas vendimias, anhelando encontrar la mejor cepa y recoger la cosecha más selecta.Soñadora, edificadora de utopías, romántica, idealista y otras circunstancias desfasadas, no me importa, ¡Escribir es mi pasión!

sábado, 10 de noviembre de 2012

Lo que somos


 

Somos una catapulta, un alud que desata caos levanta escozor.

Somos el parangón más idóneo para  cotejar la brutalidad de cualquier fenómeno irrefrenable. La naturaleza al crearnos, supuestamente diferenció la condición humana de los animales, creo sin embargo, que fue esa la primera ofensa producida contra los animales.

Nosotros somos una hueste incontrolable, nos lastimamos, nos ofendemos y humillamos, muchos se imponen aureolas de humildad siendo precisamente esos, los que con más encono profundizan en la epidermis cuando casi al descuido, van dejando enterrados tóxicos aguijones.

A diario envilecemos uno los mejores escudos con las que fuimos dotados, somos portadores de la palabra y la usamos de tal manera que al hacerlo muchas veces, más que hablar, convertimos la voz en el arma más letal porque luego de dispararla, si pretendemos recogerla, ésta ya ha penetrado la conciencia de nuestros interlocutores que con la descarga se sienten adoloridos.

A diario pateamos con la palabra, asolamos derribando poco a poco sentimientos y levantando otros que dependiendo del nivel de perdón de que dispongamos, pueden llegar a convertirse en resentimiento. 

Somos de la creación la parte pensante, utilicemos ese mismo raciocinio para ser más considerados y menos cáusticos, recordemos que es más positiva la generosidad y si lo que se pretende es la grandeza,  mucho más engrandece una sonrisa y una mano abierta sin dobleces, que endiosarse creyéndose dueños absolutos de la verdad.

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