Decir adiós,
volar y en la distancia,
ser gaviota sin rumbo,
que navega en los mares
perdidos del olvido.
Cruzar mil horizontes,
bordear las orillas
de todos los caminos,
con los ojos vendados
y el alma estremecida.
Si decir adiós,
fuera tan solo decirlo,
si al hacerlo no se fuera
en pedazos el corazón entero,
lo habría tal vez, intentado,
prefiero sin embargo,
simplemente,
dejar que se olvide mi nombre,
que nadie me recuerde.
Muy sentido y nostálgico, Miuris; el adiós nos quiebra el alma. Un abrazo, amiga.
ResponderEliminarNunca decimos adiós del todo, siempre queda algo para el recuerdo...como este poema, que lo tendrás presente de vez en cuando en tu memoria.
ResponderEliminarUn beso
Gracias Mariela, un gran abrazo amiga
ResponderEliminarAmigo Arruillo, al fin regresan los blogueros, ya estaba bien de vacaciones.
ResponderEliminarGracias y bienvenido.