miércoles, 30 de octubre de 2013

Belleza y juventud



 

Belleza y juventud son dos circunstancias anheladas a las que muchos no quisieran renunciar, hasta el extremo de buscar paliativos no siempre sanos tanto para el cuerpo, como para la estabilidad emocional.
Si todos pudiéramos asimilar que ambos conceptos tienen un carácter tan transitorio como la vida misma, posiblemente, estaríamos capacitados para vivir de una manera más acorde con lo que son las leyes de una naturaleza establecida que aunque no siempre nos agrade, estemos o no de acuerdo con esos preceptos, son ellos los que nos rigen.
Ojalá nos fuese dada la capacidad de entender que es más importante sentirnos bien con nosotros mismos no por lo que proyectamos físicamente, sino por lo que somos interiormente, tendríamos un mejor mundo, viviríamos una vida más en consonancia con el propósito de ser seres con entendimiento razonable, cuyo propósito no es simplemente mirarse al espejo y buscar en él satisfacer la vanidad.
No es negativo desear ser bella/a lo malo es querer serlo a toda costa, más allá de lo que nos ha dotado la naturaleza, llegando al extremo en muchos casos de hacer hasta lo que parece más imposible por lograrlo.
La belleza y la juventud son tan perecederos que es una necedad malgastar el tiempo pensando que la perderemos, o la hemos perdido, la verdadera inteligencia consiste en tratar al menos de hacer de nuestra vida una esponja que absorba las mejores corrientes, las más positivas que nos llenen y colmen nuestro espíritu, de esa manera, siempre nos sentiremos motivados para seguir adelante, aunque la vida se muestre inhóspita.
Podríamos a diario detenernos un instante a pensar que ayer mismo éramos unos niños, luego adolescentes queriendo correr tras la vida imaginando que era un paraíso, para ser mas tarde, unos adultos a veces satisfechos, otras inconformes, nos sorprendemos de ver que rápido pasa el tiempo, que existen todavía, quienes nos consideran jóvenes, son los padres y viejos amigos de éstos, porque en sus mentes no hemos crecido más que para responsabilizarnos de lo que ellos a su vez, hicieron antes con sus mayores.
La vida, las familias se componen de generaciones, unas van traspasando umbrales sorprendentes, otras asoman y aunque crucen esas puertas, no las asimilan, lo peor no es eso,  quemar etapas que aunque transiten, no “viven”.
Aunque muchos de nosotros casi siempre somos interiormente unos  “revoltosos” rebeldes, saboreamos la maravillosa madurez, esa etapa en que todo se disfruta con plenitud, los olores y colores de la vida y del amor. Se valora no solo el vino, sino la copa donde se toma, se captura en una mirada todo un mundo, en una palabra, esa libertad que tanto perseguimos

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