
La tarde me impresiona,
me mira retadora y no se que decirle.
Cada tarde una historia, mil facetas,
aquí, allá, cerca o lejos,
dramas, ficciones, realidades.
Cada uno,
viendo pasar el tiempo,
va escribiendo páginas diferentes.
Que le pido a la tarde
cuando irreverente entra por mi ventana.
Sin preguntar si puede,
irrumpe y me estrella su sol,
o su penumbra.
Que le digo a la tarde
cuando me encuentra absorta,
cuando ni con su sol
se calienta mi alma.
Que pido a esta tarde,
que le doy para que me recuerde,
que le escribo para que no se marche,
como le hablo a la tarde
para que entienda,
que no quiero su ocaso,
que el crepúsculo apaga la ilusión,
que temo que la sombras
obnubilen mi esencia.

















