Donde el cactus es una piedra más de los caminos y reverbera el sol y la noche es irradiada por estrellas que parecen caer sobre la blancura de los jazmines que pueblan mis recuerdos, allí empecé a soñar.Soy un latido más de una ciudad que es un corazón, dos cielos me cubren, el propio y otro que el amor me ha dado: Sevilla, una ciudad pasión y melodía.Escritora de muchas letras que no siempre tal vez son leídas, pero escritas con mucho corazón, con ellas edifiqué estas vendimias, anhelando encontrar la mejor cepa y recoger la cosecha más selecta.Soñadora, edificadora de utopías, romántica, idealista y otras circunstancias desfasadas, no me importa, ¡Escribir es mi pasión!

viernes, 6 de diciembre de 2013

Mandela, por siempre!

 

Nelson Mandela, nacido en  Mvezo, El Cabo, Unión de Sudáfrica, uno de los mas valiosos legados del siglo XX, luego de una batalla con la parca, exhaló ayer su último suspiro físico, sin embargo su huella, su esencia y enseñanzas, jamás ni la muerte ni nada podrá borrar.

La suya fue una vida verdaderamente útil, sin alardes, sin grandeza, fue maestro y guía no solo para su pueblo, porque siendo como era, un humano universal al que dolía la gente, fue para los de allá, los acá y los de más allá,  una meta a seguir, sus ideas y acciones eran el norte para acercarse a lo más parecido a la perfección.

Todas las flores del mundo no bastan para adornar su paso hacia ese espacio que nuestra imaginación no alcanza a describir, ni toda la luz de este universo en el que dejó han profunda huella, son necesarias para iluminarle, ya que de su propia personalidad emanaba suficiente luz como para irradiarnos a todos.

Descansarás en paz Nelson Mandela, qué duda cabe, aunque personalmente pienso que no lo harás del todo mientras no cambie en la tierra el sistema de explotación, mientras no se instalen en todo el universo regímenes de igualdad donde la riqueza no sea explotada por algunos y los más, mueren a diario envueltos en una miseria vergonzante que denigra la condición humana.

Ofrezco a tu recuerdo, mi admiración que nada vale, pero que no suelo otorgar a muchos humanos.  

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