Donde el cactus es una piedra más de los caminos y reverbera el sol y la noche es irradiada por estrellas que parecen caer sobre la blancura de los jazmines que pueblan mis recuerdos, allí empecé a soñar.Soy un latido más de una ciudad que es un corazón, dos cielos me cubren, el propio y otro que el amor me ha dado: Sevilla, una ciudad pasión y melodía.Escritora de muchas letras que no siempre tal vez son leídas, pero escritas con mucho corazón, con ellas edifiqué estas vendimias, anhelando encontrar la mejor cepa y recoger la cosecha más selecta.Soñadora, edificadora de utopías, romántica, idealista y otras circunstancias desfasadas, no me importa, ¡Escribir es mi pasión!

domingo, 21 de julio de 2013

Quejas de mi?




No te quejes, decir que no te esperé, porque no te dio tiempo de llegar, eso es ridículo, sin duda lo haces como uno de tus habituales resabios, porque bien sabes que es mentira, si de tanto esperar por ti, me quedaba sin fuerzas, por no decir sin esperanza.

Llovía y el viento azotaba con furia, ay esos días de lluvia me parecía que más empapada estaba yo, que todos aquellos árboles que chorreaban agua y los techos que pasada la lluvia iniciaban ese concierto de goteo, primero más rápido, luego lento, hasta que solo quedan diminutas gotitas que apenas hacen ruido.

Sin embargo yo las adivinaba y hasta las contaba, si, recuerdo de qué manera me perdía en esas cuentas casi subliminales hasta que me vencía el sueño, o entretenida en alguna lectura, me olvidaba de las gotas de lluvia.

Mientras tanto yo seguía esperando, a veces me alcanzaba la madrugaba de pie en la ventana, oteando la calle oscura, esperando ver alguna luz, volvía a llover y me hastiaba de la lluvia, de la noche, ti, de mí.

El día era igual, la tarde un intermedio más o menos temeroso, la noche era el colmo ya de la desesperación, creo que me poseían todos los espantos, era una cadena interminable de angustia.

Todo sucedía mientras te esperaba, así sentía escapar la vida sin vivirla, consumida en la llama de una espera constante.


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