Donde el cactus es una piedra más de los caminos y reverbera el sol y la noche es irradiada por estrellas que parecen caer sobre la blancura de los jazmines que pueblan mis recuerdos, allí empecé a soñar.Soy un latido más de una ciudad que es un corazón, dos cielos me cubren, el propio y otro que el amor me ha dado: Sevilla, una ciudad pasión y melodía.Escritora de muchas letras que no siempre tal vez son leídas, pero escritas con mucho corazón, con ellas edifiqué estas vendimias, anhelando encontrar la mejor cepa y recoger la cosecha más selecta.Soñadora, edificadora de utopías, romántica, idealista y otras circunstancias desfasadas, no me importa, ¡Escribir es mi pasión!

domingo, 23 de septiembre de 2012

Buen domingo de Otoño






Los días otoñales suelen envolvernos en un aire especial que dependiendo de cual sea nuestra energía, puede ser placentera, triste, alegre, temerosa o plena de nostalgia.

Durante un tiempo, ver llegar los días festivos, era casi un martirio, hoy en cambio, mi ser individual ha alcanzado tal estadio de libertad, que me otorga el placer de poder disfrutar hasta del vuelo de una mariposa.

En ese contexto, reconozco en el otoño propiedades poéticas que me convierten no solo en poeta, sino en musa inspiradora de mis propias palabras, sacando de mi conciencia experiencias que aunque no siempre sean gratificantes, son para mi como una especie de mea culpa cuando vaya en ese sentido el pensamiento, o de desahogo, cuando de respirar hondo y con satisfacción se trate, sobre cosas ya superadas que pudieran haberme dañado.

Tengo una convicción muy personal de que la felicidad es una condición individual, especial, aislada a veces de lo que es para la generalidad.

Solemos encontrarla en situaciones tan diferentes, para mi por ejemplo, la felicidad podría venir del estado de personas queridas que me rodean, sin condicionarme, solo porque así lo marca algo dentro de mi.

Por otro lado, dentro de las cosas cotidianas, recojo a diario estelas de felicidad unas acá, otras más allá, el cielo azul o gris suele predisponerme desde que mi mirada toca el exterior de mi alcoba.

La sonrisa franca y abierta de la persona junto a la cual amanecen mis suspiros, es imprescindible para que mi día sea o no positivo.

La vida es un conjunto de situaciones sencillas, un crucigrama de dificultades y a veces la letra que nos falta, no la encontramos nunca, o de repente aparece, haciendo que al sonreír satisfechos por la "suerte", pensemos al mismo tiempo, que tonta caray, si era tan fácil.

Septiembre me marca de muchas maneras y ha dejado en mí cicatrices, la primera de ellas y tal vez mas importante es mi aparición a la luz del mundo, al ruedo de la vida.

Ay si no hubiese nacido en septiembre, me habría encantado nacer en abril, haber sido parte de la primavera, en ese caso, mi poesía cambiaría, sería flor en lugar de hojas caídas, capullo aromático y no olor a mustiedad, ser colores radiantes y no tonos de tierra.

Pero no me importa,  me gustan muchísimo los colores ocres, el cielo arrebolado de nubes cromatizadas en matices que solo el otoño es capaz de generar, la fruta madura y dulce, en su mejor sazón.

El otoño es la vendimia, el mejor mosto, la mejor cosecha de  frutos y amores, las caricias mas sabias, los besos mas audaces, las hazañas mas atrevidas, bajo el suave rocío de la madurez, la templanza y sabiduría.

Me encanta trasladar a mi vida, a mi entorno estas certezas otoñales y poner a septiembre una corona gigante de flores y frutos con pinceladas de oro y matices que solo pueden captar quienes saben reconocer el hechizo del otoño.

Buen domingo, el primero del otoño 2012.


1 comentario:

  1. Bienvenido ese otoño que cambia algo más que el paisaje, y nos aporta tiempo.

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